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Sabadell puede repetir la jugada de CAM con la red de la antigua Caixa Penedès


 El Banco Sabadell es la única entidad que ha mostrado interés en la red de oficinas de la antigua Caixa Penedès que ha puesto a la venta BMN (Mare Nostrum). Ahora bien, el banco que preside Josep Oliú pretende quedarse con ella a precio de saldo, ya que tendría que conseguir el capital necesario para absorberla y hacerse cargo de los costes de integración y reestructuración. Y Carlos Egea, presidente de BMN, podría aceptarlo porque una operación así le serviría para reducir sus necesidades de capital e incrementaría sus probabilidades de seguir en solitario.

Según fuentes conocedoras de la operación, el banco de inversión Nomura, que asesora a la entidad en su proceso de desinversiones, ha ofrecido la red a varias entidades sanas. Esta venta se inscribe dentro de las desinversiones del plan de recapitalización de BMN, adelantado por El Confidencial, con el que pretende rebajar sus necesidades de dinero público de los 2.208 millones detectados por Oliver Wyman hasta menos de 500. Se trata de una red de unas 400 oficinas con un volumen de activos cercano a 20.000 millones, aunque ese importe se reducirá por el traspaso de los activos problemáticos que incorpora esta red al ‘banco malo’ (se supone que el comprador se quedaría con las oficinas tras ese traspaso). Caixa Penedès es una de las cuatro entidades que se fusionó en BMN, junto a las cajas de Murcia, Granada y Sa Nostra.
Hasta ahora, el banco catalán es el único que ha pedido más información, aunque de momento no ha entablado negociaciones formales. Un portavoz de la entidad no quiso hacer comentarios sobre esta noticia. Las fuentes consultadas explican que, aunque el Sabadell se quedase con esta red por un euro, no le saldría gratis. En primer lugar, tendría que levantar el capital suficiente para mantenerse por encima del 9% que exige ahora la ley con la incorporación de estos activos. En segundo lugar, tendría que asumir la factura de la reestructuración de esa red (cierre de oficinas no rentables o duplicadas con las del propio banco) y del previsible ERE para el exceso de plantilla.
Al Sabadell le interesa esta red centrada básicamente en Cataluña porque es la séptima entidad de su comunidad de origen en cuanto a número de sucursales, por detrás de La Caixa, BBVA con Unnim, CatalunyaCaixa, Santander con Banesto, BMN y Bankia. Además, tiene mucha cuota de mercado en pymes pero poca en retail, que es donde quiere crecer. De ahí que, aparte de mirar la red de Penedès, sea uno de los principales candidatos para quedarse con CatalunyaCaixa en la próxima subasta.
En todo caso, quedarse con esta red a precio de saldo sería un negocio redondo para Oliú, que ya causó la envidia del resto del sector cuando se quedó con la CAM sin poner un euro, con aportación de capital público y con un importante esquema de protección de activos que le cubre de la mayoría de las pérdidas de esta entidad (una adquisición que permitieron sus competidores al retirarse de la puja). La cuestión es si Egea está dispuesto a aceptar una oferta de este tipo.
BMN se beneficia aunque la venda gratis
Y es que, aunque no cobre nada por la red, el mero hecho de desprenderse de ella reduciría las necesidades de fondos al bajar el denominador de la ratio de capital, que son los activos ponderados por riesgo (APR). Si se reduce el denominador, automáticamente se incrementa la ratio y, por tanto, el déficit detectado por Oliver Wyman disminuye. Esto, aparte de reducir la factura para las arcas públicas, «incrementa las posibilidades de que BMN pueda seguir en solitario, que es la intención de la entidad», según una de las fuentes consultadas.
Otra fuente explica que, «obviamente, Egea preferiría sacar algo por una red tan importante, pero la prioridad es reducir sus necesidades de capital como sea, y si no tiene más ofertas por ella, es posible que la acepte». A estas urgencias contribuye en gran medida la presión de la troika para que las entidades que van a recibir ayudas públicas se desprendan de todos los activos que puedan con el fin de reducir el importe de ayudas públicas.
El plan de recapitalización de BMN se divide en dos partes. La primera es lo que la entidad denomina “desonsolidación”, que comprende el traspaso de sus activos tóxicos al ‘banco malo’ y la venta de participaciones industriales. Entre las dos operaciones, espera reducir sus necesidades de 2.200 a 900 millones. La segunda parte se denomina “mitigación” y contempla una serie de actuaciones para reducir esos 900 millones a menos de 500: un plan de gestión de híbridos (preferentes y subordinada), la venta de parte de su cartera de renta fija, y la enajenación de algunas unidades de negocio como la de medios de pago.
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