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¿La muerte de las acciones, de los bonos o del inversor? II parte


A raíz del artículo anterior sobre las acciones y los bonos, he recibido dos clases de comentarios que en principio pueden parecer contrapuestos, pero que no lo son si lo examinamos detenidamente: unos, principalmente gestoras de patrimonios, dándome la razón (seguramente estarán de acciones hasta las trancas y quieren resarcirse de los años malos), y otros, quizás con conocimientos más macro y por tanto conocedores de lo mal que va todo, diciéndome que las acciones están caras ( para algunos siempre lo están).

Aunque pudiera parecer discrepante y distante de las ideas que les intento transmitir, para mí no son en absoluto contradictorias. Lo que quisiera decirles después de muchos años de equivocarme por estos lares, es que siempre hay que tener acciones (en mayor o menor cantidad) y que para ésta década y a medio plazo prefiero las acciones a los bonos, aún a sabiendas de que puede haber correcciones significativas (20%) y que ahora están sobrecompradas, como puede verse en cualquier indicador de sentimiento.

Y es que en un entorno que no sea de distress, la bolsa cotiza los beneficios empresariales y éstos en el S&P están en máximos, y los máximos son crecientes en cada ciclo. El crecimiento económico siempre retorna, y mientras las ganancias empresariales aumenten su participación en la tarta y los salarios lo disminuyan, los aumentos de productividad, (con permiso del Estado) van a los beneficios empresariales, cuyas tasas impositivas son claramente inferiores a las rentas del trabajo, por no hablar de la fiscalidad transnacional y/o del comercio electrónico. La reindustralización americana con el Rusell 2000 en máximos históricos, apoyada por la revolución energética, parece una realidad cada más cercana, presta a competir con los chinos.

Aunque durante los dos últimos meses, los flujos hacia las acciones se han disparado y el sentimiento es claramente favorable hacia las mismas, veamos cómo está distribuida la riqueza de las familias americanas.

En cuanto a las valoraciones relativas en comparación a los bonos al 2% (Per 50), frente al Per ¿13-15? de las acciones, vemos cómo la rentabilidad, incluso sin apreciación de capital, puede ser favorable a las mismas, pues el porcentaje de acciones que pagan más que la deuda gubernamental va in crescendo.

Actualmente, estamos en un periodo donde el porcentaje de cash-efectivo en manos de las empresas en relación a la capitalización está en máximos históricos, con operaciones corporativas financiadas con deuda a tipos mínimos, con los tesoreros de las empresas manteniendo elevadas cantidades de cash en lugar de invertirlas en los mercados, ya que para ellos la protección del capital es la mayor prioridad antes que la rentabilidad.

¿Nos podemos imaginar qué podría pasar si poco a poco la mentalidad cambiase y el orden se alterase?

La volatilidad y el ciclo

Si la volatilidad de las ganancias disminuye, la prima de riesgo también lo haría y así el mercado puede confiar más en la marcha de las empresas, y la bolsa subiría al disminuir la incertidumbre, siendo necesario para ello que la moderada expansión en USA continúe en un proceso que se autoalimenta y que, después de tantos años en un ciclo vicioso negativo, pudiera transformarse en uno virtuoso positivo.

Un elemento que ayudaría a los mercados es la disminución de la volatilidad como sucedió en los años 90, y los bancos centrales lo saben. La volatilidad de los mercados ha reflejado la económica de los últimos años, en un mundo con ciclos más cortos y más virulentos, con una variabilidad enorme en las ganancias empresariales y la marcha de la economía (Y/Y). Como consecuencia de ello, salvo que tengas la bolita mágica de anticiparte a todas y cada una de las las previsiones macro, el seguir y guiarse por el último dato o las previsiones de los analistas ha sido una decisión errónea, pues del mayor pesimismo al mayor optimismo bursátil se pasa como del día a la noche.

Esperemos que el descenso de volatilidad del último año sea consecuencia de una reversión a la media en el crecimiento y en las ganancias empresariales, y que las medidas de estímulo funcionen.

Un elemento interesante a estudiar en estos tiempos de risk on / off son las correlaciones y la evolución relativa de varios activos (dólar americano/resto monedas, yen, sectores defensivos/cíclicos en bolsa, cobre/oro, commodities), que miden la aversión o no de los inversores para tomar riesgos, comparándolos con los índices más generales (Índice global de bolsas. Aquí observamos que paulatinamente las correlaciones disminuyen y los inversores están dispuestos a tomar más riesgos (basta para ello comprobar que sectores han sido los más beneficiados en Europa este año y, sorprendentemente, han sido los autos).

Influencia de los tipos de interés

Siempre que no suba del 4%, la inflación es un amigo de las acciones, ya que por una parte suben las ganancias nominales de las empresas, y por otra, disminuye en términos reales el peso de los intereses de la deuda. De aquí, que si la correlación negativa entre precios de bonos y bolsa se rompiese o disminuyera sería un hito importante. A la bolsa le convienen unos tipos de interés positivos en la banda del 2,5%-4%, correspondiente a una inflación moderada.

Mi consejo es que trace un plan de inversión, teniendo en cuenta los posibles avatares de la vida, ponderando aquellos activos que a largo plazo dan más rentabilidad, a través de buenos fondos que inviertan en empresas cuyos negocios estén en zonas con mayor crecimiento, en los momentos en que las valoraciones estén bajas y el desánimo cunda, sin olvidar de rebalancerar periódicamente su cartera, pasando el corto plazo a segundo plano a pesar del bombardeo mediático.

http://blogs.elconfidencial.com/economia/pon-tu-talento-a-trabajar/2013/01/24/la-muerte-de-las-acciones-de-los-bonos-o-del-inversor-ii-parte-7968

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