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Deloitte comete las dos mayores pifias de auditoría del año, Bankia y Autonomy


Gonzalo Garteiz

La empresa de auditoría, consultoría, servicios legales y lo que le manden, Deloitte, una multinacional que absorbió a la mayoría de los socios de la desaparecida Arthur Andersen, cuando ésta desapareció a raíz del escándalo de la quiebra no advertida de Enron, se enfrenta a un vía crucis como responsable de las auditorías más escandalosas del año, la del banco español Bankia y la empresa de tecnologías de la información británica, Autonomy.

El auditor de Bankia, Francisco Celma, uno de los pesos pesados de la filial española y de los arturos que repescó Deloitte, heredó la auditoría de Bankia porque llevaba visando las cuentas de Caja Madrid, el principal socio del banco que presidió Rodrigo Rato hasta su intervención, desde el año 1998, la friolera de 14 años, una temporada quizá excesivamente larga. Su predecesor era Fernando Ruiz, actual presidente de Deloitte España.

Celma tiene que declarar en sede judicial lo que aconteció para que un banco que salió a Bolsa en el mes de julio del año pasado y presentó unas cuentas con beneficios de más de 300 millones en febrero las convirtiera luego en unas pérdidas de 3.000 tras una reformulación aprobada por el nuevo presidente José Ignacio Goirigolzarri.

El auditor tendrá que declarar sobre lo hablado con el Banco de España en esas charlas previas a las presentaciones de cuentas de las entidades financieras, lo que podría poner en aprietos al anterior Gobernador, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, siempre dispuesto a darle hilo a la cometa, en este caso un globo que costará a los ciudadanos decenas de miles de millones de euros.

Por el momento no ha salido muy favorecido de la declaración ante el juez del ex ministro de Interior, Ángel Acebes, quien, por otro lado, tras el papelón que hizo con el atentado del 11M no tiene demasiado crédito. Acebes, al igual que otros consejeros de Bankia que han pasado por el juzgado echa balones fuera y carga el muerto al auditor, de quien dice que en una reunión celebrada el 26 de marzo, le apuntó que estaban pendientes algunos temas tratados con la dirección por el plan de recapitalización planteado al Banco de España, pero nunca le planteó objeciones como las que indican las pérdidas astronómicas declaradas más tarde.

El problema de Deloitte y del auditor es que llueve sobre mojado, y los accionistas de las compañías esperan que las auditorías reflejen fielmente la situación de la empresa, cosa que en muchas ocasiones no curre, y sospechan con razón que la relación entre gestores y auditores queda viciada por la excesiva prolongación de los contratos y sus emolumentos.

En el caso de Bankia, Deloitte obtuvo unos ingresos notables el pasado año, que se desglosan así. Por las cuentas anuales de la matriz y del grupo, así como de las cuentas semestrales, ingresó 1,663 millones. Por la auditoría y la revisión de los estados financieros de las entidades integradas en el grupo (150), 1,416 millones de euros. Por otros servicios de verificación o asimilados a la auditoría, requeridos por los cambios normativos decretados por el BE, 427.000 euros. Por otros servicios profesionales, sin especificar, pero que bien pudieran ser los de asesoría legal y política de remuneraciones, 674.000, de los cuales sí especifica que 172.000 son de asesoría fiscal.

Como el año pasado fue excepcional para Bankia, debido a su funesta salida a Bolsa, Deloitte cobró otros 2,3 millones de euros por servicios no recurrentes de auditoría y revisión. En total, algo más de 6,5 millones de euros. La entidad presidida por Rato solamente gastó en otras firmas de auditoría distintas a Deloitte la cantidad de 130.000 euros.

En definitiva, Deloitte tenía un buen negocio con Bankia, aunque claramente inferior al que mantiene con el Santander, entidad con un balance cuatro veces superior al banco de Goirigolzarri. La entidad presidida por Emilio Botín pagó el año pasado 47,4 millones por servicios de auditoría y 6,4 millones por otros, fiscales e indeterminados. En total 53,8 millones, casi 9 veces lo abonado por Bankia, contando el gasto extra de la salida a Bolsa.

En España, por ahora se dilucida en el juzgado de Fernando Andreu, el juez que por una acción negligente ha tenido que dejar en la calle a los presuntos integrantes de la mafia china, la responsabilidad por la quiebra de Bankia, pero hay otro juzgado mercantil en el que se tramita una demanda contra Celma y Deloitte.

La auditora tiene también un boquete abierto en Inglaterra por ser Deloitte la compañía que revisaba las cuentas de Autonomy, una empresa de informática vendida en octubre del año pasado por 11.000 millones de dólares a una compañía aparentemente seria como es Hewlett Packard.

Resulta, que un año después, HP, que está auditada por otra de las cuatro grandes que dominan el mercado mundial de este negocio, Ernst &Young, se ha visto forzada a eliminar varios miles de millones de dólares del valor imputado en libros a Autonomy, tras detectar irregularidades en la contabilización de los ingresos de la compañía británica comprada. HP contrató los servicios de otra grande, KPMG, cuando compró la compañía, pero al parecer ésta no encontró los agujeros desvelados ahora por la cuarta auditora del grupo, PwC, que fue encargada de supervisar las cuentas hace unos meses.

Deloitte tendrá que explicarse ante la autoridad británica que investiga los fraudes, la Serious Fraude Office, ya que HP ha pedido su intervención. También la institución que controla a las empresas cotizadas, la SEC,intervendrá. De momento, todo se ventila por la vía institucional, pero los fondos activistas invertidos en HP están a la espera de tener novedades para acudir a los juzgados

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