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Botín compensa el quebranto sufrido en Valores Santander a un grupo de inversores por temor a las demandas


La venta de productos tóxicos y asimilados por parte de las entidades financieras españolas ha sido masiva, con clientes engañados y burlados por doquier. Algunas entidades han decidido compensar a los damnificados sin ruido, en cierta forma reconociendo la culpa, otras no han podido hacerlo por estar sometidas al escrutinio europeo debido al rescate, y algunas han pagado a quienes metían ruido mediático y dañaban la reputación de la entidad.

El Banco Santander ha sufrido un serio desgaste reputacional a raíz de la venta, prácticamente realizada en las sucursales, de los denominados Valores Santander, con los que el banco recaudó 7.000 millones de euros en solamente 7 días hábiles entre 129.000 clientes del banco con los que financiar su parte en la compra del ABN Amro.

Los denominados Valores Santander eran unas obligaciones forzosamente convertibles en acciones en cinco años, que ocasionaron un quebranto considerable a sus tenedores, ya que frente a un precio de conversión fijado en 12,96 euros, la acción cotizaba a 5,9 euros en el momento del canje definitivo, fijado en el 4 de octubre de este año, lo que supuso un quebranto superior al 50% para los ahorradores.

La Celosía ha sabido que la amenazas de demandas penales contra la entidad y sus dirigentes, además de las denuncias de presuntas irregularidades tanto en la comercialización del producto como en la contabilización de los 7.000 millones ingresados en el balance del Santander, ante las autoridades pertinentes, Banco de España, CNMV, EBA y la estadounidense SEC, dieron resultado.

Emilio Botín encargó al despacho de abogado Uría Menéndez, que trabaja como asesor legal externo del banco en muchos casos, que negociase uno a uno, con los más de 200 clientes que se habían conjurado para dar la batalla legal y penal contra la entidad y sus dirigentes. La estrategia marcada por el banco y su bufete legal ha sido la de diferenciar “entre inversores y ahorradores”, según ha explicado a La Celosía uno de los afectados.

El Santander había informado en sus comunicados a la SEC que los Valores Santander solamente se venderían a “inversores profesionales”, “con experiencia inversora profesional”, perfil que difícilmente justificarían una gran parte de los 129.000 atrapados en el activo híbrido. Cuando el banco volvió a informar a la SEC del éxito de la comunicación olvidó decirle que los inversores eran “clientes” del banco.

Esta diferenciación, absolutamente arbitraria, según otros testimonios, dio como resultado que dos tercios de los damnificados rebeldes fueran compensados cobrando las cantidades desembolsadas, habiéndose negado el banco por ahora a indemnizar al resto.

Sin embargo, el Santander no ha cerrado todavía los problemas legales generados con esta emisión. Aunque el Banco de España ha hecho oídos sordos de las denuncias de los inversores en los Valores Santander tratando de pasar la pelota a la CNMV y contestando con meses de retraso e incluso en fechas ya posteriores a la conversión obligatoria, el regulador bursátil de Estados Unidos, SEC, mantiene abierta la investigación de los hechos denunciados.

El Banco de España, en cartas a los afectados asegura que no ha encontrado indicios de incumplimientos de “materialidad suficiente” como para abrir expediente al banco que preside Emilio Botín, al que le ha permitido continuar al frente de la entidad a pesar de su incontinencia defraudadora fiscal, que al parecer no afecta a la honorabilidad para ser banquero. El Santander financió con crédito del propio banco a inversores y ahorradores de Valores Santander que se lo pidieron, lo que a la postre supone una clara heterodoxia en la captación de recursos propios, ilegal en Estados Unidos y Gran Bretaña.

La contabilización de los 7.000 millones en el balance del Santander ha sido puesta en cuestión ante  la SEC, ya que el banco utilizó una filial para suscribir primeramente las obligaciones, sin que figure esa asistencia financiera en el balance, y tampoco con posterioridad se modificase el valor razonable del activo, cuando las obligaciones se depreciaron más de la mitad.

Si el banco iba a canjear obligaciones por acciones valoradas a 12,96 euros, pero en el mercado valían menos de la mitad, se debería haber ajustado el valor razonable, y en la cuenta de resultados reflejar el beneficio. La SEC mantiene la reserva sobre el estado de la investigación.

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